La economía en búsqueda de un círculo virtuoso por Isaac Vera

¿Es posible perpetuar una economía que contemple al mundo como un depósito de recursos ilusoriamente infinitos y, al mismo tiempo, como un gigantesco vertedero de residuos? La respuesta es que no y esto se hace cada día más evidente.

En un planeta que clama por soluciones sostenibles, la denominada economía circular emerge como un faro de esperanza. Hablamos de un imperativo económico que redefine la forma en que producimos, consumimos y valorizamos nuestros recursos. Para comprender mejor este nuevo paradigma, conversamos con Isaac Vera Santander, Jefe de Proyectos Internacionales de la consultora Soluciona Empresarial.

Formado como ingeniero químico en la Universidad Simón Bolívar, y especializado en Gerencia para la Industria en el IESA, Isaac lidera importantes proyectos de economía circular financiados por la Unión Europea en el país, orientados al sector industrial y al de las posadas rurales.

¿Qué es la economía circular y en qué se diferencia de la economía tradicional?

La economía circular representa una respuesta necesaria y urgente frente al modelo económico lineal que ha dominado la producción y el consumo modernos. El modelo lineal, basado en extraer recursos naturales, producir bienes y servicios, consumirlos y finalmente desecharlos, ha impulsado un crecimiento exponencial en la demanda de materiales, ejerciendo una presión sin precedentes sobre los ecosistemas del planeta. Entre 2016 y 2021, según The Circular Gap Report,  el consumo mundial de materiales fue casi tres cuartas partes del total utilizado durante todo el siglo XX. Esta dinámica insostenible no solo agota recursos finitos, sino que también genera grandes cantidades de residuos y contaminación, agravando problemas como la crisis climática, la pérdida de biodiversidad y las desigualdades socioeconómicas.

Frente a esta crisis, la economía circular surge como un modelo innovador que busca transformar los sistemas productivos tradicionales hacia un enfoque regenerativo y sostenible. La idea es  desacoplar el crecimiento económico del consumo de recursos naturales, promoviendo la circularidad de los bienes y servicios, maximizando su vida útil y aprovechamiento. Este enfoque no solo responde a desafíos ambientales, sino que también ofrece oportunidades para la rentabilidad y la creación de nuevos modelos de negocio en el ámbito empresarial.

¿Qué es lo novedoso en el concepto de economía circular, considerando que estas preocupaciones por la sostenibilidad  de la economía llevan ya décadas planteándose?

La economía circular se fundamenta en los principios de la economía ecológica, una disciplina que desde la década de 1970 ha enfatizado la interdependencia entre los sistemas económicos y los ecosistemas naturales. Mientras la economía ecológica aporta un marco teórico sólido y una visión a largo plazo, la economía circular ofrece soluciones prácticas para implementar cambios concretos en procesos productivos y de consumo.

La integración de ambas perspectivas es esencial para lograr una transformación profunda y duradera. La economía circular, al combinar sostenibilidad con acción práctica, representa un primer paso prometedor hacia un futuro más equilibrado, que requiere la colaboración activa de gobiernos, empresas, sociedad civil y academia para su éxito.

Circularidad es mayor rentabilidad

La economía circular -afirma Isaac- es una vía efectiva para mejorar la rentabilidad, tanto reduciendo costos como aumentando ganancias. Al promover la eficiencia en el uso de materiales, energía y agua, este modelo permite optimizar los procesos productivos, lo que se traduce en una reducción significativa de los gastos operativos a corto y largo plazo. Por ejemplo, muchas empresas que han adoptado prácticas circulares han logrado disminuir notablemente el consumo de materias primas y servicios por unidad de producto terminado, generando ahorros sustanciales y mayor competitividad. Además, al reducir la cantidad de residuos generados y reutilizar o reciclar el resto, también se disminuyen los gastos asociados al almacenamiento, transporte y disposición final de dichos residuos. Como suele decirse, la mejor forma de manejar un residuo es no generarlo.

Además, en modelos de negocio B2B, la economía circular está transformando las relaciones comerciales. Cada vez más, las empresas que avanzan hacia la circularidad exigen a sus proveedores y clientes adoptar prácticas sostenibles. De esta forma, surge un riesgo para las alianzas con quienes no cumplen estas nuevas exigencias. Esto impulsa a toda la cadena de valor a innovar y alinearse con estándares ambientales más rigurosos, fortaleciendo la sostenibilidad del ecosistema empresarial.

¿Y qué papel juega el consumidor en todo este cambio?

Los consumidores conscientes también pueden aumentar las ganancias de las empresas alineadas con este nuevo paradigma, al valorar y elegir productos y servicios “ecoamigables”. Esta mejora en la imagen corporativa, basada en una reputación ambiental sólida, se traduce en una mayor fidelidad de los clientes y en su disposición a pagar un precio superior. Un ejemplo claro se observa en el sector turístico del país, donde los visitantes eligen posadas que protegen sus atractivos naturales, promueven la interacción con la biodiversidad, apoyan a las comunidades locales y fomentan el consumo de comida de origen local. Esta integración con lo local no solo enriquece la experiencia del visitante, sino que también impulsa la economía regional y contribuye a la sostenibilidad ambiental y cultural del destino. De igual forma, en industrias diversas, cada vez más consumidores investigan el impacto ambiental de las empresas y optan por aquellas que demuestran un compromiso real con la sostenibilidad.

Finalmente, la economía circular facilita el cumplimiento normativo nacional e internacional, cada vez más exigente, y abre puertas a nuevos mercados que valoran las prácticas responsables, como la Unión Europea. En definitiva, la economía circular no solo es una oportunidad de negocios más rentables, sino también un camino para producir de manera responsable y sostenible con el planeta.

¿Qué ejemplos concretos de beneficios de la economía circular ha observado en Venezuela?

La economía circular es un concepto que apenas comienza a ganar terreno aquí. Mi experiencia recorriendo industrias y realizando diagnósticos de circularidad me ha permitido observar que, en general, la mayoría de las empresas del país aún presentan bajos niveles de implementación de este modelo. Sin embargo, existen notables excepciones que demuestran el enorme potencial de la economía circular, incluso en contextos desafiantes como el nuestro.

Curiosamente, he encontrado casos en los que las empresas que han adoptado prácticas circulares sin siquiera etiquetarlas como tales. Muchas industrias, por ejemplo, han optimizado su eficiencia energética y el consumo de agua debido a ciertas dificultades para acceder a estos servicios. Estas acciones, no solo han permitido mantener la operatividad, sino que han impactado positivamente en la rentabilidad, como ocurre cuando se reduce la dependencia de la compra de combustible para plantas de autogeneración.

Por otro lado, existen empresas que han incorporado la economía circular de manera consciente y estratégica en el corazón de su modelo de negocio. Un ejemplo destacado es el de una dedicada a la venta y distribución de baterías para vehículos. Esta empresa incentiva a sus clientes a devolver las baterías usadas, ofreciéndoles descuentos en la compra de nuevas unidades. Las baterías recuperadas son sometidas a procesos de reciclaje y renovación: se recuperan y reutilizan materiales como el plástico, el plomo y sus aleaciones, y el ácido es tratado adecuadamente. Estos materiales se reincorporan en la fabricación de nuevas baterías, cerrando el ciclo de producción y consumo. Este modelo no solo es altamente rentable, sino que además previene la contaminación ambiental al evitar que estos residuos peligrosos terminen en vertederos, maximizando el valor de los recursos y generando beneficios económicos y ambientales.

Llegó la hora de apostar por la economía circular

La visión que nos comparte Isaac Vera Santander es contundente: la economía circular no es una opción, sino una necesidad urgente para la sostenibilidad de nuestro planeta y la rentabilidad de nuestras empresas. Vemos cómo, a pesar de los desafíos inherentes a nuestro contexto, hay ejemplos inspiradores que demuestran su viabilidad y el potencial de transformar residuos en recursos valiosos, optimizar costos y satisfacer a un consumidor cada vez más consciente.

La integración de la economía ecológica con soluciones prácticas, el cumplimiento normativo y la apertura a nuevos mercados internacionales son beneficios tangibles. El camino apenas comienza en Venezuela, pero como Isaac ha destacado, la resiliencia y la creatividad de nuestros empresarios pueden ser el motor para impulsar esta transformación hacia un futuro más equilibrado y próspero. Su mensaje es claro: es hora de que más empresas adopten esta visión, no solo por el planeta, sino por la competitividad y la rentabilidad de sus propios negocios.