Cuando hablamos de salud en términos personales, podemos decir que existen síntomas que advierten de algún problema, pero también hay dolencias silenciosas que solo son detectadas –a tiempo si hay suerte- cuando acudimos al médico y nos sometemos a los exámenes correspondientes.
Lo mismo ocurre con la salud financiera de una empresa: hay señales reconocibles de que las cosas marchan bien o mal, pero también puede suceder que algunos problemas avancen sin que nadie los detecte poniendo en riesgo grave toda la operación. Es una situación que con mayor frecuencia se produce en emprendimientos y en pymes en general, y no pocas veces son la razón de graves crisis e incluso de una quiebra prematura.
Las razones son múltiples y pueden incluir una gestión contable poco profesional o a cargo de un líder del proyecto que no cuenta con los conocimientos necesarios, la típica confusión o solapamiento entre las finanzas personales del emprendedor y las de su iniciativa empresarial, los descuidos en las obligaciones fiscales, la falta de previsión ante cambios del entorno económico o un uso irracional de los recursos crediticios, entre otras causas.
Es así como la denominada gestión de riesgos financieros no puede ser vista hoy como una práctica reservada para grandes empresas, y sí como una de las habilidades clave para conducir sosteniblemente cualquier negocio, sea del tamaño que sea.
Banderas rojas en las finanzas de un emprendedor
¿Cómo saber que algo anda mal en esta materia? Lo mejor es contar con apoyo profesional, pero la simple observación del desempeño de la empresa en ciertos aspectos clave nos puede dar pistas y señales de alerta. Aquí te planteamos una lista:- Surge un gasto imprevisto y la empresa no dispone de efectivo para cubrirlo. Peor aún: a menudo el dinero no alcanza para cubrir uno o más de los costos fijos. No existe un fondo de emergencias.
- Las cuentas por cobrar van en aumento y se acumulan los casos de impago por parte de clientes.
- Nadie sabe con exactitud cuál es el punto de equilibrio de la empresa, o no ha sido actualizado tras cambios ocurridos en los costos fijos y variables, tales como aumentos en los precios de materias primas, tasas de interés o impuestos.
- En el mismo sentido, no existe o está desactualizado un plan de negocios que defina las metas financieras y establezca estrategias para alcanzarlas
- A menudo el emprendedor o propietario de la pyme tiene que “auxiliar” con su dinero a la empresa, o viceversa: aquel toma prestado para sus finanzas personales o familiares.
- No se tiene ni se contrata un servicio contable, o ni siquiera se cuenta con un software de administración.
- Se adquieren deudas para cubrir gastos ordinarios, no existe un análisis claro de la capacidad de endeudamiento ni un plan de pagos realista.
- Se realizan inversiones en mercadeo, publicidad, infraestructura o tecnología sin calcular adecuadamente el retorno y el impacto inmediato en las finanzas.
- ¿Te ves reflejado en uno o más de estos ejemplos? Pues es hora de tomar cartas en el asunto para sanear las finanzas de tu empresa.